Informáticos del ECSC están trabajando en un sistema que permita identificar cadáveres de forma segura mediante inteligencia artificial. 

Aunque Gil Grisson solucione sus casos en la serie televisiva CSI (Crimen Scene Investigation, por sus siglas en inglés) en menos de una hora, la tarea de la policía científica no es tan sencilla. Uno de los aspectos que más quebraderos de cabeza crea a estos profesionales es la identificación de cadáveres.

Aquí es donde entran la medicina y la tecnología, unidas en la antropología forense, y donde trabaja Óscar Cordón, director de la Unidad de Investigación de Aplicaciones de la Lógica Fuzzy y Algoritmos Evolutivos del Centro Europeo de Soft Computing (ECSC, por sus siglas en inglés), institución cofinanciada por CajAstur y el Sindicato de Cuencas Mineras a través de los Fondos Feder y el Gobierno del Principado de Asturias. El equipo de Cordón está formado por Sergio Damas, investigador asociado de la unidad; José Santamaría, profesor en la Universidad de Cádiz, y Lucia Ballerini, investigadora postdoctoral del ECSC.

El equipo dirigido por Cordón está trabajando en el diseño de un procedimiento automático completo que, basado en técnicas de soft somputing (inteligencia artificial moderna), facilite la identificación de cadáveres mediante superposición fotográfica.

Evolución constante

Para realizar la identificación se necesita contar con el cráneo de la persona fallecida y fotos de desaparecidos. Después todo consiste en comparar puntos de referencia. Aquí radica la dificultad y donde se ha evolucionado mucho en el último siglo.

“En 1930 la superposición se hacía a mano y la técnica usada ya era muy avanzada”. En 1980 el uso del ordenador introdujo las dos dimensiones tanto para el cráneo como para la fotografía y en la siguiente década el procesamiento de imagen y la reducción de costes informáticos posibilitó la utilización del escáner tridimensional.

El trabajo consta de tres etapas. En la primera, que requirió una inversión de 80.000 euros, se realizó la construcción del modelo en tres dimensiones. “Asumiendo que el forense se puede equivocar, el programa debe conseguir procesar la imagen”, aclara Cordón a Diario Médico. Esta fase, en la que se ha trabajado con algoritmos evolutivos (AE), concluyó en noviembre del pasado año.

La segunda etapa consistía en introducir el modelo en el ordenador, de manera que por sí solo lleve a cabo la superposición de imágenes.

Esta fase la empezaron en primavera y ya están recogiendo los primeros resultados “con las técnicas de AE, pero todavía queremos reforzarlas”.

Lógica difusa

Pero ¿qué ocurre si la fotografía no es buena? La respuesta está en uno de los elementos característicos del trabajo de estos informáticos españoles: el tratamiento de la incertidumbre o la lógica difusa. “Nunca se asume que todo es perfecto y hay que lograr que el ordenador sea consciente de este detalle”.

El equipo de Cordón se encuentra en esta fase, que pretenden concluir a finales de año.

En la última etapa, una vez que ya están superpuestas las fotografías, entra en juego el sistema automático de ayuda a la toma de decisiones.

Cordón prevé finalizar esta fase a finales de 2008. El sistema se encargará de comprobar el emparejamiento de dos conjuntos de puntos antropométricos característicos: los puntos craneoscópicos de la foto del sujeto y los craneométricos de la foto del cráneo.Al final, es el forense quien decide, pero cuenta con el veredicto del ordenador. “Como debemos basarnos en la lógica difusa, el emparejamiento de los puntos se mide mediante grados de semejanza”.

Cordón explica que, una vez concluido el trabajo, se hará una validación general. Para ello cuentan con la colaboración de Konica Minolta, que trabaja en la elaboración de un escáner más pequeño y barato, y de la Guardia Civil. Como es lógico, “el objetivo final es patentar el sistema”.

Fuente: http://www.diariomedico.com/edicion/diario_medico/tecnologia/es/desarrollo/1032898.html